sábado, 23 de junio de 2007

S 299 “Libros para el verano”

reportaje de www.aceprensa.com, miercoles 20 de junio de 2007

Vacaciones y lectura siempre van de la mano. Si uno no ha reservado ya los títulos que desea leer, hay que orientarse entre el aluvión de novedades editoriales. Ofrecemos unas sugerencias sobre obras de literatura editadas el último año, remitiendo a las reseñas publicadas ya en servicios de Aceprensa.

Khlaled Hosseini, Cometas en el cielo. Ambientada en Afganistán y Estados Unidos, esta novela ya se ha publicado en más de treinta idiomas. Tiene un apasionante argumento, dosis de sano exotismo y una contagiosa humanidad. La trágica y reciente historia de Afganistán es el telón de fondo de un argumento basado en la amistad y ruptura entre dos chavales, Amir y Hassan. Amir es el hijo de Baba, uno de los comerciantes más ricos de Kabul; Hassan es el hijo del criado de Baba, Alí. Años después, le surge a Amir, ya en Estados Unidos, la posibilidad de redimir su vida pasada. (Salamandra. 384 págs. 18,20 €. Ver Aceprensa 5/07).

Paul Torday, La pesca del salmón en Yemen. “He llegado a la conclusión de que crear un río salmonero en Yemen sería en todos los sentidos una bendición para mi país”, afirma el jeque Mohamed ben Zahidi, uno de los protagonistas de esta entretenida novela, que también reflexiona sobre las relaciones entre Oriente y Occidente. La empresa, peregrina desde todos los puntos de vista, es bien acogida por los políticos británicos por sus posibilidades propagandísticas. El autor utiliza este insólito argumento para realizar una ingeniosa sátira de la escala de valores de Gran Bretaña y de su clase política. (Salamandra. 320 págs. 16,50 €. Ver Aceprensa 62/07).

José Jiménez Lozano, Advenimientos. A diferencia de otros escritores que también utilizan el diario para reflexionar sobre su vida y la literatura, deja Jiménez Lozano al lado los comentarios íntimos y las reflexiones sobre su propia literatura. Se trata de diarios más volcados hacia el exterior, aunque a través de sus opiniones literarias y de las citas que entresaca de sus lecturas favoritas, penetramos abiertamente en su inteligencia y en su quehacer literario. Jiménez Lozano conoce muy bien las cosas que pasan y, además, profundiza con sabiduría en sus valoraciones, nunca hirientes y siempre basadas en un higiénico sentido común, abierto a la trascendencia. (Pre-Textos. 216 págs. 17 €. Ver Aceprensa 17/07).

Arto Paasilinna, Delicioso suicidio en grupo. “El enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin”, se lee al principio de esta divertida novela con la que el escritor Arto Paasilinna (1942), uno de los más leídos de la literatura contemporánea finlandesa, se enfrenta a una de las lacras de su país: el alto índice de suicidios. Pero Paasilinna huye de la tragedia y se enfrenta con los problemas contemporáneos con una actitud irónica repleta de un sano y benéfico humor, que transmite una contagiosa esperanza de vivir. La mejor manera de afrontar esta penosa realidad es con humor, buscando la sonrisa cómplice de los lectores. (Anagrama. 271 págs. 18,50 €.).

Ian McEwan, En las nubes. Recupera Anagrama esta novela que, por su temática y estilo, se aparta de las habituales ficciones del escritor británico. El protagonista es Peter, un niño de diez años. Sus profesores, sus padres, su hermana pequeña y sus amigos observan que, con cierta frecuencia, Peter está con la cabeza “en las nubes”. Dejándose llevar por una imaginación desbordante, se mete tanto en sus ensueños que llega a experimentar verdaderas trasformaciones. Detrás de cada peripecia se esconde un aprendizaje moral: Peter no será el mismo después de cada una de estas extrañas experiencias y aprenderá a comprender a los demás y a juzgar su entorno con una nueva madurez. (Anagrama. 148 págs. 15 €. Ver Aceprensa 29/07).

William Maxwell, Vinieron como golondrinas. Año 1918, una ciudad del Medio Oeste norteamericano, unas semanas en la vida del matrimonio Morison, James y Elisabeth, y sus hijos, Robert y Bunny, de trece y ocho años, respectivamente. Cuando Elisabeth está en las últimas semanas de su embarazo, una epidemia de gripe que asola el país afecta primero a Bunny y luego a ella. Con una prosa transparente y atención al detalle, con una intensidad emocional que también parece derivarse de los acentos autobiográficos que resuenan en la historia, se muestra el papel central de una mujer en su entorno familiar. (Libros del Asteroide. 210 págs. 15,95 €. Ver Aceprensa 122/06).

Julian Barnes, Arthur & George. Inglaterra también tuvo su caso Dreyfus: George Edalji, un oscuro abogado de origen indio. Y así como a Dreyfus le defendió Zola, en defensa de Edalji salió sir Arthur Conan Doyle. Barnes se ha propuesto rescatar esta complicada historia, relatando las vidas paralelas de George y Arthur hasta su encuentro en la causa común de la rehabilitación del inocente. Tras esta trama se esconden temas de mayor enjundia, como la denuncia de las deficiencias del sistema judicial. Barnes concluye con éxito su idea de conjuntar novela histórica, relato policíaco, introspección biográfica y análisis social. (Anagrama. 524 págs. 23 €. Ver Aceprensa 41/07).

Jack London, Martin Eden. Un suceso inesperado lleva al marinero Martin Eden a descubrir las ventajas de la vida burguesa y de manera especial los efectos benéficos de la cultura. De la mano de la joven Ruth Morse entra en el mundo de la sensibilidad estética. Desde entonces, Martin luchará con todas sus fuerzas para abrirse camino como escritor, superando los numerosos obstáculos y dificultades que aparecen en su camino. London se inspiró en su propia biografía para escribir una novela que, a pesar del pesimismo final, transmite pasión, acción y amor por la literatura. (Alba. 432 págs. 30 €.).

W. Somerset Maugham, El velo pintado. Publicada en 1925, se trata de una de las mejores novelas de este escritor británico. Artesano del melodrama moral, Maugham gusta de argumentos complejos que suelen pivotar sobre conflictos afectivos de notable barroquismo. Los protagonistas de El velo pintado (llevada al cine recientemente) son dos ingleses, Walter y Kitty, que ha contraído matrimonio casi sin haberse tratado y, al poco, se establecen en Shangai. La infidelidad de ella moverá al marido a ofrecerse voluntario para ir como médico a un pueblo del interior de China. A su pesar, Kitty se ve obligada a acompañarle. Muchas situaciones dramáticas tienen un ritmo estupendo, con diálogos muy bien escritos. (Bruguera. 288 págs. 15 €. Ver Aceprensa 41/07).

Sándor Márai, La hermana. Se trata de la última novela que publicó Márai (1900-1989) antes de abandonar Hungría en 1948. Z es un músico de fama internacional que se retiró después de una grave enfermedad. Años después, coincide con el narrador en un hotel de alta montaña, donde Z le cuenta la extraña enfermedad que padeció. Meses más tarde, el narrador recibe un sobre con la relato que Z hizo de su estancia en el hospital, meses que considera los más importantes e intensos de su vida. Márai anota de manera puntillosa la evolución de la enfermedad y los cambios en sus sentimientos. El discurso de Z suena en ocasiones pretencioso, exagerado. (Salamandra. 253 págs. 14,80 €. Ver Aceprensa 41/07).

Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves. Esta novela describe la vida aparentemente idílica en una urbanización cerrada para ricos, durante la Argentina de los años noventa. Un grupo de amigos se reúne todos los jueves, lejos de sus respectivas esposas, para cenar y divertirse. Sus mujeres se resignan, distraídas como están con sus compras, el cuidado de sus jardines o sus clases de filosofía oriental. Se llaman a sí mismas, bromeando, “las viudas de los jueves”. Pero una noche se produce una tragedia que destapa el lado oscuro de la vida en la que están todos inmersos. A lo largo de las páginas se muestra con agudeza y veracidad el drama de tantas familias actuales que carecen de recursos humanos y morales para enfrentarse a situaciones difíciles. (Alfaguara. 246 págs. 17,50 €. Ver Aceprensa 50/07).

Fernando Aramburu, Los peces de la amargura. Estos relatos poco tienen que ver con el resto de la obra de Aramburu. Los argumentos se centran exclusivamente en las víctimas del terrorismo de ETA. Aramburu se muestra especialmente lúcido a la hora de describir el ambiente en el que viven las víctimas, abordado de diferentes maneras y perspectivas, sin caer en el melodrama. Estos relatos muestran dramas y situaciones auténticas y verosímiles, escritas con una mirada literaria. (Tusquets. 242 págs. 16 €. Ver Aceprensa 5/07).

Nancy Mitford, Amor en clima frío. Mitford, (1904-1973), londinense y primogénita del barón de Redesdale, retrata con aguda ironía las dificultades de la aristocrática familia Montdore para casar a su hija Polly. Mitford asume el papel de amiga y narradora de las fiestas, diversiones y asuntos amorosos como un torrente divertido, dicharachero y, a la vez, muy crítico con esa sociedad. Su sentido del humor, agudeza de ingenio y soltura narrativa, convierten la lectura en una verdadera diversión. (Libros del Asteroide. 332 págs. 18,95 €. Ver Aceprensa 5/07).

Iréne Némirovsky, David Golder. Publicada en 1929, fue la novela que abrió a esta autora rusa las puertas del mundo literario francés. Se trata de un buen ejemplo de su literatura, pues aparecen temas que serán habituales, como el mundo de la oligarquía rusa y judía instalada en Francia y las siempre tensas relaciones entre padres e hijos. El ruso David Golder, el protagonista, es un banquero que vive para sus negocios. Mientras él viaja de un lado, su mujer y su hija dilapidan su dinero con todo tipo de fiestas y amantes. Némirovsky novela las consecuencias de la desmedida pasión por el dinero en todos los personajes. (Salamandra. 158 págs. 11,90 €. Ver Aceprensa 138/06).

Ernest Hemingway, Cuentos. Uno de los rasgos más sobresalientes de la narrativa de Hemingway es la fusión entre su vida y su literatura. Pocos escritores supieron sacarle tanto partido literario a sus aventuras personales, historias –y leyendas–. A comienzos de la década de los años veinte publica un buen número de relatos, donde ya aparecen los temas habituales de su literatura. Hay cuentos ambientados en el mundo del toreo, la caza, la pesca, la guerra, el boxeo... Algunos relatos son emblemáticos a la hora de mostrar su concepción agónica de la existencia. (Lumen. 596 págs. 24,90 €. Ver Aceprensa 62/07).

John Boyne, El niño con el pijama a rayas. El protagonista de esta breve pero intensa novela es Bruno, un niño de nueve años que es hijo de un comandante nazi, destinado a un campo de concentración. Bruno no sabe nada de lo que es un campo de concentración y mucho menos de la cuestión judía. Un día, dando una vuelta por los alrededores, conoce a Schmuel, un niño polaco y judío que se encuentra al otro lado de la valla y con el que surge una escondida y peligrosa amistad. La novela tiene su trampa melodramática, pero el autor acierta con el ingenuo e infantil punto de vista, lo que da a toda la narración una perspectiva distinta, nueva, eficaz. (Salamandra. 224 págs. 12,50 €. Ver Aceprensa 29/07).

Hisham Matar, Solo en el mundo. Solimán es un niño que vive en Trípoli en los primeros tiempos de Gaddafi. A medida que va descubriendo el mundo que le rodea, las inclemencias de una sociedad revolucionaria y el impacto que esta genera en la vida de su familia desatan en él la conciencia de la crueldad. Solo en el mundo es el testimonio de un paso traumático de la infancia a la juventud, un proceso exacerbado por culpa de un régimen infame. Relatada en primera persona por el propio Solimán, la narración reviste una estructura lineal y abarca desde la primera infancia del niño hasta que cumple –en su destierro en El Cairo– los 25 años. (Salamandra. 252 págs. 14,80 €. Ver Aceprensa 29/07).

Katherine Anne Porter, Cuentos completos. Nacida en Indian Creek (Texas) en 1890, contemporánea de Flannery O’Connor, toda su vida tuvo una especial relación con el Sur de Estados Unidos y también con México, país donde ambienta algunos de sus relatos. Vivió en Nueva York, México, París. Murió en 1980. Lo mejor de su literatura fueron los relatos, que ahora reúne Lumen en un magnífica edición. Aquí están sus libros de cuentos Judas en flor (1930), Pálido caballo, pálido jinete (1939) y La torre inclinada y otros cuentos (1943). (Lumen. 720 págs. 27,90 €. Ver Aceprensa 50/07).

John R. R. Tolkien, Los hijos de Húrin. En la Batalla de las Lágrimas Innumerables, mucho antes de lo que se cuenta en El Señor de los Anillos, después de derrotar a los ejércitos de los hombres y de los elfos, Morgoth captura como prisionero a Húrin, uno de los jefes de los hombres, y lo deja con vida para que compruebe cómo se cumplirá la maldición que pronuncia sobre su descendencia. A partir de aquí, el protagonismo lo tendrá Túrin, el hijo de Húrin, de doce años y con un carácter orgulloso. Esta historia aparece ahora en una reconstrucción preparada por el hijo de Tolkien. Se trata de un relato profundamente trágico y violento con resonancias míticas y en el que no hay cabida para el humor. La novela tiene la magia narrativa propia de Tolkien. (Minotauro. 282 págs. 19,95 €. Ver Aceprensa 50/07).

Orhan Pamuk, Estambul. La relación con Estambul es el hilo conductor de este nuevo libro del último premio Nobel. Pamuk combina lo memorialístico con la descripción del alma de una ciudad con la que ha estado en permanente contacto. Cuenta sus recuerdos de infancia y juventud, y recorre el Bósforo, los barrios populares y las zonas de tiendas, para descubrir una ciudad destartalada en proceso de transformación. (Mondadori. 432 págs. 22 €. Ver Aceprensa 110/06).

Miguel Delibes, Viejas historias y cuentos completos. Este volumen reúne toda la narrativa breve del escritor vallisoletano. No son textos de menor calidad que sus novelas más celebradas. Delibes practicó con asiduidad un género para el que estaba especialmente dotado, sobre todo en su vertiente costumbrista. Hay magníficos relatos, como La partida o La mortaja y excelentes narraciones no tan conocidas que merece la pena descubrir, como Viejas historias de Castilla la Vieja y La caza de la perdiz roja. Delibes es un maestro en retratar una Castilla en vías de extinción que, en sus páginas e historias, se convierte en un territorio vivo e inmortal. (Menoscuarto. 536 págs. 21 €. Ver Aceprensa 29/07).

William Saroyan, Las aventuras de Wesley Jackson. Acantilado continúa con la reedición de las obras más importantes de este escritor norteamericano (1908-1981). Ya han publicado La comedia humana, El joven audaz sobre el trapecio volante y Me llamo Aram. Esta nueva novela comienza cuando el narrador, el joven Wesley Jackson, es llamado a filas. La guerra ya está muy avanzada y Wesley sabe que su destino será luchar contra las tropas alemanas. Mientras tanto, cuenta su vida como militar, las amistades que hace en el ejército y, a la vez, retazos de una vida nada fácil. (Acantilado. 390 págs. 21 €. Ver Aceprensa 122/06).

Arturo Pérez-Reverte, Corsarios de Levante. Sexta novela de “Las aventuras del capitán Alatriste”. En esta ocasión, el joven Iñigo Balboa, ya con diecisiete años, y el capitán Alatriste se embarcan en una galera, la Mulata, que recorre diferentes puertos del Mediterráneo, desde Melilla y Orán hasta Malta y Nápoles. La aventuras se suceden a buen ritmo, con los turcos y algunos piratas como feroces enemigos. Pérez-Reverte acompaña la acción con digresiones sobre la historia, el ambiente y el lenguaje de la España del siglo XVII. (Alfaguara. 356 pág. 20 €. Ver Aceprensa 138/06).

Dorothy Sayers, Cinco pistas falsas. El argumento se centra en la resolución de un asesinato en la localidad escocesa de Galloway, donde el aristócrata y ocioso Lord Peter Wimsey pasa sus vacaciones. El pueblo es la sede de una curiosa colonia de pintores y pescadores. Uno de ellos, impopular por su carácter arisco, aparece muerto una mañana. Los posibles culpables del asesinato son todos vecinos de la localidad, personajes curiosos y aficionados a la pesca y a la pintura. Sayers es una de las más importantes autoras de novela negra del siglo XX. (Lumen. 454 págs. 21,90 €. Ver Aceprensa 50/07).

Yasmina Khadra, El atentado. Yasmina Khadra, seudónimo del ex militar argelino Mohamed Moulesshoul, cuenta la historia de Amín, un cirujano israelí de origen palestino que trabaja en Tel Aviv. Su vida apacible se resquebraja el día en que su mujer, Sihem, muere en un atentado. Amín pierde por completo el rumbo cuando descubre que su esposa fue la terrorista suicida. La novela indaga en las motivaciones del fundamentalismo islámico, en cómo puede germinar en un ambiente educado y culto y pasar desapercibido a los ojos más atentos. También critica la política israelí, considerada como el caldo de cultivo en que florece el resentimiento de los oprimidos. (Alianza. 220 págs. 16 €. Ver Aceprensa 5/07).

Amélie Nothomb, Ácido sulfúrico. Esta novela es una crítica de los programas de televisión que juegan con el morbo. Un buen día, se producen redadas al azar y a los detenidos se les amontona en vagones de ganado. Es la preparación de un nuevo programa de televisión, Concentración, que reproduce el ambiente de los campos nazis. En medio de este sinsentido, Nothomb centra su atención en dos jóvenes, la kapo Zdena y la heroína sufriente Pannonique. La novela es, entre otras cosas, un golpe a los reality que explotan el afán enferemizo del espectador por inmiscuirse en intimidades ajenas. (Anagrama. 166 págs. 15 €. Ver Aceprensa 29/07).

Manuel Chaves Nogales, El maestro Juan Martínez que estaba allí. Tras el éxito de sus relatos sobre la guerra civil, A sangre y fuego, se recupera ahora una novela publicada en 1934 que describe la revolución soviética en la ciudad de Kiev. En los años treinta, el autor conoció a un personaje real, que le contó sus peripecias por la Europa de la Primera Guerra Mundial, que le cogió en Estambul. De allí se fue a Rusia para ganar en tranquilidad. Pero en Rusia estalló la revolución comunista, que Martínez vive en directo. (Libros del Asteroide. 288 págs. 17,95 €. Ver Aceprensa 29/07).

Juan Manuel de Prada, El séptimo velo. Prada ha obtenido con esta novela el Premio Biblioteca Breve. Cuenta la historia de Julles Tillon, héroe de la Resistencia francesa, a través de la investigación que lleva a cabo Julio. Se trata de un viaje de redención a través de la memoria que pasa por la Guerra Civil, la Francia de la Segunda Guerra Mundial, el Madrid de la posguerra... Prada vuelve a abusar de una prosa barroca exuberante, con un tratamiento demasiado explícito del sexo en algunos pasajes. Todos sus personajes poseen el atractivo de mostrar los claroscuros de la condición humana. (Seix Barral. 644 págs. 21,50 €. Ver Aceprensa 41/07).

Andrés Trapiello, La cosa en sí. Este hace el número catorce de unos diarios que Andres Trapiello comenzó a publicar en 1990. Una vez más, está lo de siempre: sus estancias en Las Viñas, en Cáceres; sus expediciones al Rastro madrileño a la caza de libros viejos; su amistad y veneración por el pintor Ramón Gaya; sus comentarios literarios, por lo general muy acertados y a veces punzantes; sus relaciones familiares, sin tonterías; sus amigos y enemigos... Su principal atractivo es la construcción de un yo melancólico, escéptico, divertido, ilusionado con las buenas amistades, familiar, quisquilloso... (Pre-Textos. 729 págs. 35 €.).

Frederick Forsyth, El afgano. Forsyth ofrece otra de sus intrigas internacionales, esas cuyo interés reside tanto en la trama como en el ingrediente de reportaje de actualidad. De hecho, El afgano tiene tanto de thriller como de documental sobre el terrorismo islámico. Los lectores ya saben qué es lo que se van a encontrar: acción al por mayor con un tema de rabiosa actualidad. Truculenta, irónica, sin concesiones a lo superfluo o a lo sentimental, con una mínima humanización de sus personajes y moviéndonos cinematográficamente de un escenario a otro, consigue la tensión requerida para este tipo de narraciones. (Plaza & Janés. 336 págs. 29 €. Ver Aceprensa 138/06).

Robert Penn Warren, Todos los hombres del rey. Publicada en 1946, al año siguiente obtuvo el premio Pulitzer. Desde entonces, se trata de una obra muy leída y valorada, que refleja acertadamente las dos caras de la vida política norteamericana: el idealismo y la corrupción. En ella se cuenta el ascenso y caída de Willie Talos, que representa el prototipo de político populista y demagogo. Willie, ingenuo abogado al principio, es víctima de la política sin escrúpulos de sus adversarios y aprende rápido que el fin justifica los medios. Con una personalidad avasalladora, consigue llegar a gobernador del Estado. (Anagrama. 770 págs. 20 €. Ver Aceprensa 5/07).

Luis Alberto de Cuenca, Poesía 1979-1996. En este volumen se han reunido cuatro poemarios fundamentales de este autor madrileño, nacido en 1950. Luis Alberto de Cuenca ha convertido en lenguaje poético el espíritu de una época, los años 80 y 90 del siglo XX, el tiempo de la transición política, años que provocaron muchos cambios estéticos. Con mucho sentido del humor y sus gotas de sana ironía, se combinan en estos versos motivos clásicos y modernos, donde las reflexiones sobre la vida y el amor son las más constantes. (Cátedra. 483 págs. 12 €.).

S 299“¿Cómo son los libros de texto de Educación para la ciudadanía?

articulo de victor gago en revista digital, viernes 15 de junio de 2007

Los primeros manuales plasman la intensa experimentación ideológica a que da pie el currículo de la asignatura fijado por el Ministerio y ampliado por las Comunidades Autónomas según la orientación política de sus respectivos gobiernos. Se trata de uno de los riesgos advertidos por el movimiento cívico de oposición a este ensayo de adoctrinamiento de toda una generación. He comparado los dos primeros manuales en aparecer, el de la editorial progresista Octaedro, y el de SM, casa editorial de los Marianistas que se aplicará mayoritariamente en los centros católicos concertados y ha sido elaborado por José Antonio Marina.

El libro de texto Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Editorial Octaedro. Pvp 16, 80 euros

Este libro deja claro su enfoque desde el primer tema lectivo: Las relaciones interpersonales: sexualidad y afectividad.

Desde los primeros días de clase, los alumnos que manejen este manual escrito para el currículo de la asignatura en la ESO se someterán a las orientaciones sobre Memoria Histórica, Los distintos tipos de familia o La prevención y los métodos anticonceptivos, incluidos en el primer Tema del libro de texto de Octaedro.

Sus autores, J. María Aran, M. Güell, I. Marías y J. Muñoz dedican el segundo tema a La homosexualidad.

El libro, promocionado como novedad en la web de la casa editora, anuncia en su índice el tratamiento de cuestiones como El rechazo a los homosexuales, La represión de la homosexualidad y El respeto por este colectivo.

El Tema 5 está dedicado a La conquista de los derechos de la mujer, con incursiones en El sexismo y El feminismo.

El Tema 7 versa sobre El Consumo, con un apartado dedicado al Consumismo, otro sobre La sociedad del consumo , y orientaciones sobre un consumo moderado.

El Tema 8 se dedica a la Educación Vial y el 9 y último, al Problema Norte-Sur, un enfoque característico de la agenda de los movimientos de extrema izquierda y anti-globalizadores.

Se profundiza, en este capítulo, en La grieta entre el Norte y el Sur y se prescribe un modelo concreto de Solidaridad.

Editorial SM. El «experimento de José Antonio Marina»

Más matizada llega la contribución de la editorial católica SM a la oferta de libros de texto de Educación para la Ciudadanía.

Su manual está a apunto de aparecer en el mercado, en tres versiones: una para alumnos, otra para profesores y una tercera e innovadora adaptación para padres, según destacó José Antonio Marina, su autor, al hablar de su obra durante una conferencia sobre Educación Responsable celebrada recientemente en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con patrocinio de SM y de Santillana —grupo PRISA—.

La FERE ha adoptado el manual de SM, al considerarlo el más respetuoso con los valores cristianos. La Patronal de colegios católicos ha asumido desde el principio la imposición de la nueva asignatura, desmarcándose de las críticas de la Conferencia Episcopal y del movimiento cívico por la libertad educativa.

Altamente dependiente de los conciertos con la Administración, la FERE ha optado por acomodarse al currículo con un libro de texto lo más afín posible al ideario de sus centros.

El problema es que el currículo de contenidos mínimos decretado por el Ministerio en diciembre de 2006, y los que van agregando las Comunidades Autónomas para adaptar la materia a su «identidad», establecen una moral de Estado en la que los valores cristianos equivalen a los musulmanes y éstos a los laicos, en una visión relativista en la que la única autoridad moral dimana del poder político, y por debajo de ella, da lo mismo un valor católico que uno budista que uno mahometano que una familia de marido y mujer que una polígama que un trío que la zoofilia que el onanismo que el aborto que la experimentación con embriones, que el burka, que el hiyab, que la paridad por Ley, que la eutanasia, que esforzarse o no hacerlo, que suspender o aprobar una asignatura,...

En este sentido, el intento de Marina de conciliar todos los valores en un modelo de convivencia que no incomode a nadie viene precedido del problema insoluble de que el Estado impone previamente la agenda de lo políticamente correcto.

Así, por ejemplo, el Estado establece que en la formación moral de los niños ha de incluirse la aceptación de una variedad de formas de familia, o que la globalización provoca injusticias, o que es justo que el Estado reparta la riqueza, o que la seguridad y la paz dependen de la primacía de la ONU y el multilateralismo, o que puede ser bueno y conveniente dialogar con terroristas, o que España es una nación de naciones, ...

Por muy neutrales, asépticos, equilibrados e integradores que quieran ser Marina y los marianistas en su manual para padres, profesores y alumnos, el problema de fondo es que hay alguien, el Estado, que marca una agenda moral y usa la coacción para imponerla. Y hay alguien, la familia, que debe aceptarlo y adaptar sus propios valores o resignarse a un papel subsidiario en la formación moral de los hijos.

Lo propio de una Instrucción Pública en civismo, dentro de una sociedad libre, es que garantice que ningún valor ni ningún modelo de sociabilidad supondrán una amenaza para la libertad individual y la dignidad de la persona, y no que imponga una moral de Estado de obligado cumplimiento.

La sociedad democrática no es ninguna fuente de valores universales adoptados por mayorías estadísticas, como pretende Marina, sino la forma más evolucionada de que disponen personas y familias para proteger su libertad frente a la constante propensión del Estado a recortarla.

El Estado, dice Marina en una introducción a su libro de texto que SM ha publicado en su página web, debe «encargarse de facilitar a todos nuestros jóvenes aquella educación que la sociedad considera necesaria para el desarrollo de los proyectos personales, la buena convivencia la justa resolución de los problemas y el progreso económico».

Obsérvese el enorme poder que el pedagogo de SM otorga a «la sociedad» y cómo el Estado se convierte, en su iluminado experimento educativo —coincidente con el del Gobierno socialista—, en el intérprete más fiel de lo que quiere la sociedad.

Nada menos que «facilitar a todos nuestras jóvenes aquella educación (...) necesaria» para «los proyectos personales, la buena convivencia, la justa resolución de problemas y el progreso económico».

Se comprende que este profesor de instituto, afamado escritor de libros de filosofía divulgativa, respondiese que el derecho de los padres a educar a sus hijos «no es absoluto», cuando LD le preguntó recientemente, durante un coloquio abierto al público, por el caso de Blanca María Díez Ponce, la joven madrileña que se ha convertido en la primera alumna objetora a EpC.

Para José Antonio Marina —citamos, de nuevo, su introducción al libro de texto que SM publicará próximamente—, «cada familia educará de acuerdo con su moral (católica, musulmana, atea, comunista, liberal, confuciana, anarquista o la que sea), que se puede enfrentar a otra moral. Por esta razón, necesitamos una educación en valores comunes, transculturales, universales, más allá de la moral y de las religiones, que es lo que llamamos ética».

¿Adivina, lector, quien la dictará e impartirá en exclusiva? Exacto.

El ensayo educativo del Gobierno socialista con toda una generación se resume, retocando un viejo proverbio del casticismo religioso: «Cada uno en su casa, y el Estado en la de todos».

S 299 “La ex ministra que introdujo el aborto en Francia

comentarios de simone veil en france 2 ante un reportaje sobre las clínicas abortistas en españa. agencia zenit, martes 19 de junio de 2007

Simone Veil, la ex ministra francesa de sanidad que introdujo la ley de despenalización del aborto en 1975, reconoce que la ciencia está demostrando la existencia de vida desde la concepción.


«Cada vez es más evidente científicamente que desde la concepción se trata de un ser vivo», afirma la primera mujer en presidir el Parlamento Europeo de Estrasburgo entre 1979 y 1982.


Sus comentarios han tenido lugar en el contexto del reportaje difundido por el canal de televisión «France 2», el 14 de junio, en el que se muestra cómo en España se realizan abortos hasta en el octavo mes de embarazo, informa la revista de prensa de la Fundación Jérôme Lejeune (http://www.genethique.org).


En el documental, se ve a una periodista encinta de ocho meses a quien se le propone un aborto en una clínica privada de Barcelona por la suma de 4.000 euros. Simone Veil, de origen judío, que sufrió la deportación a Auschwitz, reconoce que esta situación es «espantosa», pero que legalmente no es posible impedir a las mujeres europeas viajar a España, pues la Corte europea ha afirmado que se trata de una cuestión propia de las legislaciones nacionales, y no de Europa.


La investigación periodística constata que en Francia comienza a ser difícil encontrar médicos dispuestos a practicar el aborto a causa de la objeción de conciencia.


«No se puede obligar a la persona a ir contra sus convicciones», afirma Veil, premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2005. Al referirse a la introducción de la ley del aborto en Francia, revela la antigua ministra, «lo único que había negociado con la Iglesia fue la imposibilidad de forzar a los médicos. Es un punto que hay que mantener, pues no se puede obligar a nadie a ir contra sus convicciones».

jueves, 21 de junio de 2007

S 298 "Madre Angélica, la clarisa que dirige una corporación multimillonaria de TV"

biografia de madre angelica, ediciones palabra, en www.zenit.org,

martes 12 de junio de 2007

Una mujer pobre y enfermiza llegó a crear la mayor empresa de televisión católica. ¿Cómo se lo hizo? Raymond Arroyo, director de informativos de esta empresa, la Eternal World Television Network (ETWN) lo revela en una biografía de la Madre Angélica (el nombre religioso de Rita Rizzo).

Arroyo pudo escribir este libro gracias a entrevistas exclusivas con la Madre Angélica antes de su invalidez, que comenzó en la Nochebuena de 2001, cuando la monja sufrió un derrame cerebral.

El libro, originalmente escrito en inglés, lleva por título «Madre Angélica. La increíble historia de una monja que fundó una televisión mundial», Ediciones Palabra (509 páginas).

El volumen desvela cómo es, vive y piensa esta monja de clausura capaz de interpelar al mundo y que, según la revista «Time», es «la mujer católica más influyente de los Estados Unidos». El libro la presenta como una «Teresa de Ávila moderna».

«De todos aquellos que el Señor pudo elegir para levantar este emporio internacional de la comunicación, la madre Angélica era la candidata menos apropiada. Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos», escribe el arzobispo de Denver y miembro del consejo de dirección de EWTN, Charles J. Chaput, OFM, en el prólogo.

Joseph Ratzinger, en 1999, dijo que «la madre Angélica ha logrado en los Estados Unidos lo que otros han intentado sin éxito: hacer llegar sus programas a un número de espectadores que se cuentan por millones, representando para la Iglesia un foco de fe y de fuerza renovadora».

S 298 "El Estado como educador"

articulo de ignacio sanchez cámara , catedrático de filosofía del derecho en la gaceta de los negocios, lunes 11 de junio de 2007

La misión del Estado no es educar, sino garantizar el derecho a la educación y la libertad de enseñanza

Ya se han producido los primeros casos de objeción de conciencia contra la imposición obligatoria de la asignatura de educación para la ciudadanía. Es normal, ya que la nueva materia había suscitado gran oposición e incluso alarma en sectores, quizá mayoritarios, de la sociedad.

El titular del derecho a la educación es la persona y se ejerce, en los casos de menores de edad, a través o por representación de los padres. En este sentido, puede decirse que los padres tienen el derecho a decidir la educación que deben recibir sus hijos. Y, lo que no se recuerda con tanta frecuencia, tienen también el deber de hacerlo.

Toda educación es pública y ninguna debe ser estatal. Los centros docentes pueden ser de titularidad y gestión privada o estatal (o autonómica y municipal), pero todos son públicos. La formación de la persona no es un asunto meramente privado. Entonces, el Estado no puede aspirar legítimamente a convertirse en educador. Su misión, en este ámbito, no es educar, sino garantizar el ejercicio del derecho a la educación y la libertad de enseñanza. El Estado educador es un Estado totalitario. Sólo podría conferírsele esa potestad en el caso utópico e imposible de que, como en la República platónica, que según Sócrates jamás vería la luz del sol, gobernaran los más sabios (y aún así sería inconveniente por ser lesivo para la libertad).

¿Qué razones pueden aducirse contra la nueva asignatura obligatoria? En primer lugar, carece, en sí misma, de razón de ser, al menos tal como ha sido planteada. La función de formar buenos ciudadanos es una de las básicas de toda educación, pero no tiene por qué ser objeto de una asignatura específica.

¿Es que nunca hasta ahora en España (o acaso salvo la etapa de la Formación del Espíritu Nacional, con la que la Educación para la Ciudadanía guarda algunas semejanzas) se había promovido la formación de los ciudadanos?

La asignatura, por lo demás, al menos en parte, instaura el adoctrinamiento moral de los alumnos, pues asume ciertos contenidos antropológicos y morales, en detrimento de otros. Así, encubre la superchería de presentar como común de todos, como los principios básicos que toda persona debe asumir, lo que es sólo una determinada concepción del hombre y la moral. Por lo demás, ni el Gobierno ni la mayoría parlamentaria poseen autoridad para determinar lo que está bien o mal en el orden moral e imponerlo a todos los ciudadanos. Otra cosa sería si se tratara de una asignatura que tuviera como objeto el conocimiento de los principios e instituciones constitucionales y la adhesión crítica (pues tampoco son un inviolable tabú, sino el contenido de la norma jurídica, no moral, suprema, pero reformable) a ellos. Pero no es éste el caso.

Si equivocado es implantar una asignatura semejante, peor aún es hacerlo sin consenso entre los dos grandes partidos y mediante una exigua mayoría parlamentaria y un Gobierno bastante endeble.

Si toda ley educativa fundamental debería contar con el apoyo de la inmensa mayoría de la sociedad, pues la educación es algo, en cierto modo, sagrado, que no puede quedar encomendado a los vaivenes de las mayorías sociales, más aún deberían hacerlo las normas que se refieren a la formación moral de los alumnos. Además, es, con muy alta probabilidad, inconstitucional, ya que puede vulnerar la libertad de conciencia y, desde luego, el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. En nombre de la libertad, sólo podría haberse creado esta asignatura, si acaso, como optativa. ¿Por qué no se ha hecho?

Toda educación se nutre de excelencia y ejemplaridad. Sólo puede educar quien ostenta o, al menos, aspira a poseer un poder o, quizá mejor, autoridad espiritual. Acaso la tragedia de nuestro tiempo es que nadie ejerce esa autoridad o al menos a nadie se le reconoce generalmente. Incluso se niega la validez misma del concepto a manos de la arbitrariedad, el capricho, el relativismo y el nihilismo.

El resentimiento posmoderno ha decretado que nada ni nadie vale más que nada ni nadie. La igualdad ha triunfado, pero todo lo demás naufraga, incluida la libertad. En cualquier caso, quien nunca podrá aspirar a ejercer la autoridad espiritual es el Estado democrático, pues él se sustenta en la opinión pública, es decir, en lo mediocre, nunca en lo excelente. Pero a quien aspira a ejercer un poder absoluto lo que menos le interesa es la existencia de una autoridad social ajena a sus intereses. Aspira, pues, a ejercerla él, es decir, a eliminarla, y así a perpetuar su poder. Pero esto ya nada tiene que ver con la democracia ni con la libertad.

Se podrá discutir si el Derecho español faculta a los padres y alumnos para ejercer el derecho a la objeción de conciencia. Pero lo que nadie les podrá, a mi juicio, negar es, en su caso, el deber que tienen de hacerlo: en defensa de la libertad y de su derecho, y en contra del Estado (mal) educador.

S 298 "Aumentan los Objetores contra la educación a la ciudadanía. Personas y ciudadanos: ser alguien antes que ser algo"

por juan josé garcía noblejas, en www.scriptor.org, lunes 4 de junio de 2007

No es fácil del todo ser buena persona, porque para serlo -entre otras minucias- hay que actuar en conciencia, y no siempre tenemos la conciencia a mano y bien preparada para discernir y para decidirnos a una u otra cosa.

Tampoco es fácil ser buen ciudadano. Pero es algo más sencillo, porque -entre otras cosas- eso depende de lo buena persona que se sea.

Sócrates, ya entonces, planteaba con acierto que la pregunta relevante es "¿cómo se debe vivir?", según la dignidad personal añadirá muchos siglos después Robert Spaemann. Pregunta que en cualquier caso -ayer y hoy- va por delante de asuntos más propios de la condición ciudadana como "¿cuál es mi deber?" o "¿qué puedo o debo hacer?" en estas circunstancias.

En todo caso, las cosas no son al revés. No se llega a ser buena persona siendo sencillamente buen ciudadano. Quizá esta simplificación necesita matices, y puede parecer un simple juego de palabras, pero está claro que en cuestión de identidad, lo radicalmente importante es ser un "quién", un "alguien" (una persona), y algo no tan rotundamente radical es ser un "qué", un "algo" (en este caso, un ciudadano).

El sentido de la existencia humana no se reduce a una ciudadanía. Como decía un viejo amigo filósofo, "los humanos necesitamos saber quienes somos para poder serlo". Hace falta disponer de un sentido y un contexto y un horizonte para la vida, más allá de las circunstancias políticas de hecho en que uno se encuentra viviendo.

Desde aquí se entienden bien estas actuaciones de rechazo, por parte de una estudiante de 16 años, y de un matrimonio con cuatro niños, potenciales futuros estudiantes de eso llamado "Educación para la ciudadanía". [Ver en Scriptor, Rechazo de la asignatura "Educación para la Ciudadanía" o La "Educación para la ciudadanía", chanchullo ideológico del gobierno español.]

Objeción temprana

Por esto, es digno de ser recibido con un especial saludo el razonamiento de Blanca Díez (joven "menor" de 16 años, alumna de Primero de Bachillerato) y también el de su madre, Margarita Ponce, ante la estupidez del divulgador filosófico José Antonio Marina, ahora pedagogo y apóstol de Educación para la Ciudadanía (y, casualmente, autor de un "manual" de EPC), que ha cuestionado la "capacidad jurídica" de Blanca Díez para declararse objetora a la asignatura. Dijo Blanca:

"Me presenté al director y a la jefa de Estudios y les dije que me niego a tener que leer libros como los que recomienda el Ministerio. Para empezar, tengo tres sobrinos, uno de ellos de cinco años. Me los imaginé leyendo cosas como Ali Babá y los 40 maricones cuando estén en Primaria o en la ESO, y decidí que tengo que hacer lo que esté en mi mano para evitarlo. Por eso, me he hecho objetora". ( Ver más)

José Antonio Marina defiende su libro de EPC y dice, hablando a los periodistas, que:

no existe motivo para plantear la objeción de conciencia en la asignatura de Educación a la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Insistió en que al ser una asignatura obligatoria, los jóvenes que no acudan a sus clases suspenderán la materia y, por tanto, no podrán obtener el título de Educación Secundaria, así como los colegios concertados podrían perder el concierto si no la imparten.

Es más que probable que Blanca -además de dejar ver que es buena ciudadana- sea una buena persona. Es "alguien" que se ha tomado en serio a sí misma. Lo mismo entiendo que sucede con su madre, Margarita Ponce, que no solo apoya a su hija, sino que colabora en la inciativa de movilización cívica Observatorio para la Objeción de Conciencia, ahora contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Dice Margarita a José Antonio Marina y los promotores de esta peculiar "Educación para la Ciudadanía":

(...) Mi hija, leyendo los manuales publicados, imaginó a sus primos y sobrinos con semejante tratado en las manos y se horrorizó. Porque Blanca ha sido educada en valores, pero los de verdad: esfuerzo, honestidad, respeto por el otro, sacrificio y una moral que, por lo que veo, a algunos les falta.

Mi hija, ésa de la que usted dice que no tiene capacidad jurídica para declararse objetora de conciencia, si tuviera la mala fortuna de cometer un error algún día, tendría derecho a presentarse en un centro de salud y pedir la píldora el día después y se la darían sin que ni siquiera yo me enterara. ¿Me puede usted explicar, Sr. Marina, qué incapacidad jurídica es ésa para unas cosas y la otra "capacidad" para otras?.

Seamos serios. Ésa asignatura no es, en mi opinión, un medio para educar en nada sino claramente perversión de menores (...).

Una y otra, junto a muchos más, resulta ser "alguienes" que no están conforme con ser reducidos a ser un "algo" meramente ciudadano.

Objeción preventiva

Quizá por la misma razón (informa Profesionales por la Ética) José Luis Marín Moreno y Toñi Ortiz Martinez, padres de cuatro hijos y residentes en Cieza (Murcia), han presentado escrito de objeción de conciencia frente a la asignatura Educación para la Ciudadanía. Se han personado como "quienes" que no quieren ser reducidos a "qués".

José Luis, que es profesor de Filosofía, ha explicado el motivo de su objeción frente a esta asignatura, aunque no les afecte de inmediato:

"En la materia Educación para la Ciudadanía subyace una ideología muy concreta, una concepción del ser humano y de la vida que conduce al aniquilamiento de la persona. Y no quiero que mis hijos sean educados obligatoriamente en esta ideología (...)

El hecho de que esta asignatura no nos afecte a nosotros el próximo curso no nos exime del problema; sobre todo cuando hay muchos padres de otras comunidades autónomas que van a verse afectados en septiembre. Ahora es el momento de que los padres presenten objeciones en toda España. Es una cuestión de solidaridad".

Lo dicho: el sentido de la existencia humana no se reduce a una ciudadanía. Y como "los humanos necesitamos saber quienes somos para poder serlo", mejor que las familias y no el Estado ayuden a las personas a serlo, y también a ser ciudadanos. De primera categoría, no simpáticos borreguillos.

Actualización 14 junio. Objeción de conciencia ante Educación para Ciudadanía: aumentan los objetores y también las amenazas gubernamentales

Da la impresión de que este asunto de la objeción de conciencia ante la "Educación para la Ciudadanía" está poniendo muy nervioso al gobierno español, representado en este caso -junto a otros "voluntarios" como JA Marina- por la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera.

No entiendo bien el planteamiento cerril, con ribetes de fanatismo (tenacidad desmedida y apasionamiento), que hace la ministra con sus "advertencias" en el Pleno del Congreso y recoge El Mundo, impropio del talante conciliador del gobierno Zapatero: Cabrera: quienes no estudien Educación para la Ciudadanía no obtendrán su título. Y tal cosa, después de hablar de tolerancia y responsabilidad intercultural hasta casi gastar esas palabras.

Quizá es que se trata de una nueva especie de "tolerancia" y responsabilidad, sólo unidireccional: de los ciudadanos ante lo que obliga el Ministerio. A esa postura, en fin, antes, se la llamaba con palabras cercanas a los campos semánticos del totalitarismo o de la dictadura.

Quizá es que aún no ha o han podido espigar entre la misma bibliografía recomendada por el Ministerio: por ejemplo, acerca de lo que ofrece la Fundación Baruch Spinoza, útil, ni más ni menos, para aplicar "con el propósito de desvelar las actitudes y comportamientos intolerantes y propiciar la reflexión y la modificación de actitudes".

Quizá es porque hay gente que ha desvelado actitudes ministeriales intolerantes y busca la modificación de actitudes (lo encuentro fácilmente en google) con las que el Gobierno amenaza al movimiento de Objeción de Conciencia a la EpC.

El caso es que, sin la menor duda, parece que por esas ciudades de la piel de toro -vistas actitudes y comportamientos gubernamentales poco educados para la ciudadanía- han decidido actuar según su responsabilidad educadora, atropellada por la imposición cerrir de esta dudosa EpC, y se van acumulando objeciones de conciencia al respecto: en junio, más de 3.500...

Por otra parte, me parecía haber leído en algún sitio nada sospechoso para el Gobierno que, por decisión del mismo Ministerio, se puede pasar de curso con alguna que otra materia suspendida:

La nueva LOE permitirá pasar curso aprobando sólo más de la mitad de las asignaturas. La frontera entre el suspenso y el aprobado se reducirá a partir del curso 2008-2009.

Los alumnos de Primero de Bachillerato que hayan superado más de la mitad de las materias no tendrán que repetir el curso y cursarán las materias suspendidas junto con otras del Segundo curso, según la propuesta del Real Decreto de Bachillerato que desarrolla la Ley Orgánica de Educación (LOE), presentada hoy por el Ministerio de Educación y Ciencia.

También me parecía que desde posiciones de todo el arco ideológico español se han planteado cuestiones de objeción de conciencia (ver entradas en Google) desde hace mucho tiempo. Bien es cierto que las objeciones de unos no siempre gustan a otros. Pero ahora me sorprende que desde el poder gubernamental no se tolere la objeción de conciencia referida al estudio de una materia fuertemente ideológica como es Educación para la Ciudadanía.

Y me sorprende, sobre todo, porque -si no me equivoco- sucede en España que sigue vigente lo que el Tribunal Constitucional ha dictaminado al respecto, según palabras del profesor Rafael Navarro Valls, catedrático de la Complutense de Madrid, miembro de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y autor de más de cien trabajos sobre Derecho familiar, libertad religiosa y objeción de conciencia:

el Tribunal Constitucional -tomando ocasión de un recurso planteado contra la ley de aborto- hizo notar que no era estrictamente necesaria una regulación de la objeción de conciencia para que ésta fuera protegida en cuestiones distintas a la clásica sobre el servicio militar.

Concretamente, en su sentencia de 11 de abril de 1985 señalaba: Por lo que se refiere al derecho a la objeción de conciencia..., existe y puede ser ejercido con independencia de que se haya dictado o no tal regulación. La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocido en el art. 16.1 C.E y, como este Tribunal ha indicado en diversas ocasiones, la Constitución es directamente aplicable, especialmente en materia de derechos fundamentales.

Esta sentencia es una verdadera carta magna de la objeción de conciencia en España, que ya se ha aplicado al caso del aborto y a otros supuestos no regulados explícitamente. Como el propio Tribunal Constitucional ha reiterado, la objeción de conciencia es un verdadero derecho constitucional, esté o no regulado en leyes positivas.

En fin, ahí sigue la cosa, como -por ejemplo- deja ver Análisis Digital:

-- El Ministerio de Educación amenaza: objetar contra "Educación para la Ciudadanía" tendrá "consecuencias académicas".

-- El Foro Español de la Familia advierte al Ministerio que "no va a amedrentar con amenazas a las familias españolas".

-- Andalucía se subleva frenta a "Educación para la Ciudadanía".

-- Y recuerda la Carta de los Derechos de la Familia, que la Santa Sede dirigió a todas las personas, instituciones y autoridades interesadas en la mision de la familia en el mundo contemporáneo. Carta que, en el encabezamiento de su Artículo 5, dice: "Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razon ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos."